Es imposible abrazar el esplendor natural de Bariloche en su totalidad, pero hay distintas maneras de deleitarse con algunas de las ofrendas del entorno. Un buen intento es un safari fotográfico. Esta cacería de imágenes es el acceso a todo un mundo de colores, flores y aves. El trekking es otra gran oportunidad para disfrutar del lugar y al mismo tiempo hacer ejercicio, desde cortas caminatas a otras que duran varios días, siempre en grupos acompañados por un guía que recorren distintos senderos de la montaña. Pero a pesar de todas las nuevas propuestas, hay ciertos paseos que no pueden dejar de hacerse. El Parque y Reserva Nacional Nahuel Huapi es uno de ellos. Sus 718 mil hectáreas atesoran cientos de especies vegetales y animales y el testimonio del pasado cultural de los indígenas que habitaron la zona. En el paseo se visita la Victoria y el Bosque de Arrayanes, único en el mundo. Al regreso, es casi una obligación tomar un chocolate caliente en la confitería giratoria del Cerro Otto, a l000m de altura. Al caer la noche, los restaurantes, cafés y discotecas del Centro se llenan de vida demostrando así que Bariloche invita a vivir la nieve.
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