Te Pito Te Kura es una piedra negra esférica que muchos afirman es "el verdadero ombligo del mundo", lo que precisamente significa su nombre en rapa nui. Cerca de allí está el ahu Pito Kura, el santuario que posee el mayor moai que se haya transportado desde la cantera de Rano Raraku para levantar en otro sitio. Mide casi 10m, pesa 82 toneladas y tenía un "gorro" de casi 12 toneladas. Las playas de Anakena y Ovahe se encuentran en el lado opuesto a la arista en que se ubica Hanga-Roa. Anakena parece posar para un afiche de turismo: está rodeada de palmeras, con arena blanca y agua cristalina. Pero a las características propias de una isla del Pacífico, Anakena le suma los encantos de la arqueología pascuense. Los ahus Ñau Ñau y Ature son parte del paisaje que enfrenta al mar. Ovahe es más pequeña y solitaria que Anakena, pero más salvajemente hermosa. Para disfrutar del sol, hay que ir durante la mañana, ya que a partir de las cuatro de la tarde queda totalmente en sombras. Es la playa indicada para aquellos que quieran practicar deportes como surf (haka neni en rapa nui} y morey, ya que sus olas son alborotadas.Además de esos deportes, en Rapa Nui se practica la pesca, el buceo, el snorkel y la caza submarina. Pero Pascua tiene su deporte autóctono, el haka peí, que consiste en el deslizamiento desde un cerro en troncos de plátanos. El Parque Nacional de Rapa Nui proporciona alternativas recreativas como trekking, cabalgatas, buceo, fotografía, pesca, recorridos culturales y observación de flora y fauna. El parque conserva muestras de los principales tesoros arqueológicos y naturales de Rapa Nui, clasificadas según la colección a la que pertenecen. Más allá de sus playas y sus antiguos y misteriosos tesoros legados por sus primeros habitantes, Isla de Pascua tiene algo que pocos lugares en el mundo pueden ostentar: paz, mucha paz. Las pocas luces que aparecen de noche permiten acostarse en el suelo, mirar al cielo y encandilarse con el brillo de las estrellas, sin nada que moleste, con el sonido del mar de fondo, mientras los silenciosos moais velan el descanso.
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