Guatemala conoce su Arte Popular... Las muestras de arte popular guatemalteco constituyen en su conjunto un verdadero mosaico desbordante de gracia en la decoración y de gusto intuitivo en el color.
A continuación, Guatemala conoce su Arte Popular:
Ciertamente los indígenas ya no pintan, pero han heredado de sus antepasados un prodigioso sentido del color. Tales características son evidentes en los tejidos, trajes típicos, alfarería, cestería, joyería, máscaras y mascarones, mercados regionales, celebraciones religiosas, juegos, danzas y música.
Los quichés, cakchiqueles y otros pueblos emparentados con ellos heredaron de los mayas del Viejo Imperio un riquísimo arte del tejido, y es en el occidente de Guatemala donde tal tradición se conserva con mayor vigor.
En efecto, con telares de mano se fabrican labores de brocado; es decir, al tiempo que tejen sus telas los indígenas van construyendo los motivos ornamentales (quetzales, otros pájaros estilizados, grecas, flores) distribuidos con rica imaginación sobre una amplia gama de rojo, turquesa, amarillo, verde, azul, morado, etc.
Son famosos los ponchos de Momostenango, gruesas telas de lana de lujoso y original colorido.
En las diversas regiones del país, hombres y mujeres indígenas tienen sus propios trajes nativos, que son para el observador de sensibilidad plástica un espectáculo alucinante. Blusas, camisas, pantalones, sacos, tocoyales, refajos, manteles, servilletas, faldas y telas para cortinas, son algunos de los productos de esta antigua artesanía textil, que tienen en mercados extranjeros considerable cotización. No menos importante por su calidad y hermosas formas es la cerámica, artesanía que también tiene raíz de siglos.
Basta citar como representativas las grandes tinajas decoradas de Chinautla; las tazas, platos, jarrones, floreros en colores verde jade, castaño, amarillo o policromos, de la ciudad de Antigua Guatemala, y los bellos patitos (jarras) decorados de Jilotepeque. Otros artículos prácticos de la alfarería popular: Ollas, escudillo, sarténes, batidores, comales, fuentes y apaxtes.
La cestería tiene importantes centros de producción; sobresalen las canastas de varios tipos de El Peten, tejidas con finos bejucos o trabajadas cañas de bambú. Son típicas las esteras denominadas "petates", así como las paneras, posafuentes, costureros, alhajeros y cestas en miniatura hechos de palma o de tul.
La juguetería nativa es un escape del ingenio popular, no exento de sentido artístico en su magnífica espontaneidad: muñecas de barro policromado, de trapo, pintadas con anilinas disparatadas, y de doblador (chala); pitos o güilos (silbatos de barro para niños) con formas de muñecos y pájaros, vajillas de barro y hojalata en miniatura, guitarritas, violines, acordeones, payasos de trapo y de madera pintada, con simples dispositivos que facilitan las piruetas.
Verdaderas joyas populares son las cajas multicolores de Amatitlán, hechas de una leve capa de madera, en dimensiones que comienzan de la miniatura, así como máscaras, jicaras y los cochinillos labrados de Rabinal.
Los trabajos en plata y oro —aretes, collares, pulseras, prendedores, cortapapeles— llevan el sello inconfundible de los antiguos diseños aborígenes. Los mercados de la capital, y los regionales, más típicos, dan una imagen fascinante de una Guatemala llena de color, de ingenio popular, de tradiciones seculares.
En vísperas de Nochebuena, en especial, los mercados se inundan de flores de pascua, hojas de pacaya, sartas de manzanilla, arbolitos de pino, pie de gallo y de diversos y pintorescos materiales para los "nacimientos" y altares navideños.