Israel conociendo su arte... En la década del '90 prosperó la calidad y complejidad del mundo artístico.
A continuación, Israel conociendo su arte:
tal como se expresa en la índole de los museos, en el cuantioso y variado público que los visita, en el carácter y magnitud de los sitios de exhibición, así como también en el nivel de las colecciones, las exposiciones, los estudios y las publicaciones complementarias.
En el Museo Israel de Jerusalem, que este año conmemora su trigésimo aniversario, se conserva la mejor colección de arte internacional entre Roma y Tokio.
Las colecciones de arte moderno en Jerusalem y en el Museo de Arte de Tel Aviv se ampliaron y perfeccionaron, y lo que les falta ha sido complementado por medio de exposiciones itinerarias del exterior y muestras de arte contemporáneo proyectadas en Israel, que incluyen préstamos de museos, coleccionistas y pintores del mundo entero. Las colecciones y exposiciones contribuyen a acercar a los artistas y al público a lo que sucede actualmente en el mundo del arte.
La multiplicación de pequeños museos y galerías alternativas puso término a la exclusividad de los museos conductores, y la situación general es hoy más compleja y pluralista.
El Museo Israel de Jerusalem y el Museo de Arte de Tel Aviv siguen siendo los dos principales, pero a su lado actúan instituciones adicionales tales como el Museo de Arte Israelí de Ramat Gan, el Museo Herzlía y el Santuario de Arte del kibutz Ein Jarod.
La complejidad del cuadro general se expresa también en la diversidad de curadores de obras de arte. En los últimos años surgió un número de curadores independientes que se encargan de montar exposiciones ajustadas a distintos temas, para instituciones y sitios de exhibición alternativos.
A los museos consolidados se añadieron también espacios alternativos, destinados a las muestras cualitativas, no comerciales, tales como la Galería Bograshov, la Galería - Estudio de Artistas en Tel Aviv y las Galerías de las Universidades de Tel Aviv y Haifa.
En las últimas tres décadas se abrieron muchas posibilidades para los escultores, tras la creación del Jardín de Escultura Billy Rose en el Museo Israel, planificado por el escultor Isamu Noguchi en 1965.
Ese año el público de Israel se encontró por primera vez con la escultura contemporánea internacional. En el Jardín se colocaron varias creaciones de artistas locales.
El famoso escultor Iejíel Shemi (n. 1922), ganador del Premio Israel, recuerda hasta qué punto fue importante para su obra el hecho de que la expusieran entre una escultura de Anthony Caro y otra de Henry Moore.
La yuxtaposición del arte israelí y el arte internacional, le infundió la sensación de que dialogaba no sólo con el mundo artístico local, sino también con el del arte internacional.
El renombrado pintor Iosef Zaritsky (1891-1985), aspiró siempre a que sus obras pendieran no en el pabellón de arte israelí de los museos sino en el de arte moderno internacional.
A su criterio, no cabía clasificar el arte en israelí e internacional, sino llamarlo simplemente arte moderno y se consideraba a sí mismo como parte del arte moderno local y, al mismo tiempo, del arte contemporáneo internacional.