Asia Conociendo su Economía... Aunque fue asiento de las más antiguas civilizaciones humanas sobre la Tierra, es el continente asiático.
A continuación, Asia Conociendo su Economía:
Tal vez por la imposibilidad de incorporar en la era contemporánea a su vida económica las modernas técnicas de la vida industrial y agrícola, no ha podido desarrollar todavía todas las riquezas de sus cultivos, especies de ganado, suelo, subsuelo y, desde luego, industrias concomitantes.
El cultivo de cereales, antiquísimo en el continente, se ve perjudicado en muchas regiones por los desequilibrios climáticos; aun así, Asia es el primer productor mundial de arroz (base, por espacio de muchos siglos, de la alimentación de varios de sus pueblos), y cosecha asimismo grandes cantidades de trigo.
También ocupa el continente el primer lugar en lo que respecta a la producción mundial de azúcar, té y caucho.
El valor económico de las diversas especias, tan apreciado en Europa Inmediatamente después de la Edad Media, ha descendido verticalmente en los últimos siglos.
También son grandes las riquezas ganaderas, en especial en los dos países más grandes del continente, China e India (este último es muy rico en ganado bovino, aunque de otra calidad en lo que respecta a sus carnes).
El subsuelo asiático, todavía insuficientemente explorado, abunda en petróleo (en especial, en Arabia, Irak, Irán, etc.), hierro, estaño, plomo, cobalto, cromo, antimonio, etc. China ocupa también uno de los primeros lugares del mundo en la extracción de carbón.
El potencial lidroeléctrico es bastante considerable, aero no está desarrollado conforme a sus posibilidades.
En cuanto a la producción industrial, hay que mencionar en primer lugar al Japón, país que por el extraordinario aprovechamiento y capacitación de su mano de obra y tecnificación avanzada, la podido convertirse en el país de mayor índice de crecimiento industrial en el mundo.
China, todavía detenida en un reordenamiento de sus estructuras agríco-as y en la lenta edificación de su industria Desada, tiene también todas las posibilidades de convertirse en una potencia industrial de magnitud mundial.
En el resto del continente, el avance ¡ndustrial es muy dispar: ¡unto a zonas muy desarrolladas por el, cerca de los complejos petroleros en el Cercano Oriente y en el Oriente Medio), coexisten otras cuya estructura económica es de tipo feudal.
La India, Indonesia, Pakistán, entre otros países, han tratado últimamente de acelerar su desarrollo ¡ndustrial.
Respecto al comercio exterior asiático corresponde afirmar que continúa, en la mayor parte de los casos, controlado por los juegos de intereses de las grandes potencias, que han invertido en las últimas décadas grandes sumas para dar al continente un desarrollo económico más coherente y racional.
Muchas zonas de Asia están económicamente subdesarrolladas. Un elevado porcentaje de la población del continente se dedica a la agricultura, pese a lo cual gran parte de la actividad agrícola se caracteriza por cosechas y productividad laboral relativamente bajas.
En conjunto, una minoría de los asiáticos está empleada en actividades de manufactura; en muchas ocasiones los centros urbanos y las industrias no se han integrado adecuadamente con el sector rural.
Sin embargo, hay un creciente número de excepciones. Japón ha modernizado con éxito su economía, al igual que Israel, Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y, en menor grado, Indonesia, Malasia, Tailandia, Turquía y los estados petrolíferos de la península Arábiga.
Estimulada por las inversiones extranjeras a gran escala, la rápida privatización y la industrialización, la República Popular China consiguió el crecimiento más rápido de Asia a principios de la década de 1990.
En julio de 1997, la moneda tailandesa (el baht) se devaluó, contradiciendo las repetidas declaraciones de las autoridades gubernamentales de que eso no ocurriría. En cuestión de días, las monedas de Indonesia, Filipinas y Malasia fueron fuertemente atacadas y comenzaron a derrumbarse. Para fines de octubre, el won de Corea del Sur se colapsó y la crisis se generalizó en el continente asiático.
Puede sonar paradójico que apenas unos cuantos meses antes de las crisis estas economías eran vistas como sólidas y estables, con muy buen futuro económico. Incluso, días antes de las crisis, los analistas financieros y económicos parecían no tener la mínima noción de lo que pasaría.
El hecho de que ambas economías formaran parte del grupo de las economías más vigiladas por la comunidad financiera internacional hace a estas dos características todavía más insólitas.
El hecho es que la mayoría de las economías de Asia oriental sufrió una severa recesión en 1998; el PIB se desplomó: 14% en Indonesia, 9% en Tailandia, 7% en Malasia, 6% en Corea, 5% en Hong Kong y 3% en Japón.
¿Cómo pudo sufrir un colapso tan repentino y grave una región que había tenido tanto éxito? La respuesta es que Asia vivió una aguda crisis financiera.